Hollande ha ganado. El socialismo europeo, dolido en sus derrotas locales, ve en su colega francés un bálsamo a sus frustraciones. Éste, como hizo Zapatero en 2004 con Irak, ha prometido acelerar la retirada de las tropas francesas de Afganistán sin encomendarse a los aliados. Es cierto que su promesa pasa por una retirada gradual, aunque más rápida, del contingente, no como hizo nuestro ex presidente, que al día siguiente de tomar posesión dio la orden de repliegue total e inmediato, y tan contento. La promesa de Hollande también la hizo el derrotado Sarkozy tras la muerte de cuatro soldados galos en el país asiático, calentón que dio a los talibanes buena medida del impacto que tenían los ataques de infiltrados contra las tropas occidentales. Luego, el pequeño ex presidente se calló y no dio más alegrías a los talibanes con sus airadas ideas. Francia tiene en la actualidad en torno a 3.600 militares desplegados en la misión de la OTAN. Su salida anticipada haría, básicamente, un roto importante a la coalición, primero porque es una cantidad nada desdeñable de manos y segundo porque están desplegados en zonas orientales donde la presión talibán es muy fuerte. Quizá el nuevo presidente no estaba muy atento cuando Zapatero hizo lo que hizo, pero aquella decisión no nos benefici...
Jefe de Sección de España en LA RAZÓN y experto en temas de Defensa.
De hombres honrados
Por Diego Mazón-
06 May 2012
LA PROMESA DE HOLLANDE Y EL ESPEJO DE ZAPATERO
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23 Abr 2012
POBRES DE SOLEMNIDAD
La lectura dominical de los periódicos es una práctica que nunca debería perderse por mucho que exista internet. Depara interesantes análisis, reportajes bien trabajados y opiniones sesudas. Este domingo, El País nos ha regalado además una entrevista con Alfredo P., el único político que ha sobrevivido a su propia muerte. En ella entrevista, Rubalcaba, preguntado por sus opciones para recortar, afirma que «hay que tocar Defensa». Este hombre no estuvo el otro día en la comisión de Defensa del Congreso, cuando el secretario de Estado, la subsecretaria y el JEMAD presentaron las cuentas y los planes del departamento. Sí estaba Manuel Chaves, al que le faltó descalzarse para terminar de demostrar que le importaba un carajo lo que allí ocurría, pero no Rubalcaba. Si hubiera estado quizá no habría dicho esto. Yo salí de la Comisión y tentado estuve de darle a Pedro Argüelles 50 euros que llevaba en la cartera y al JEMAD un abrazo de ánimo. El secretario de Estado desgranó unas cuentas que dan pena. Primero porque desde 2008 a 2011 el presupuesto ya cayó en 1.500 millones, y hasta hoy un 25 por ciento. Segundo porque con los 6.316 millones en que se queda lo único que se puede hacer es contener la respiración y aguantar el sopapo. Capítulo 1, personal, 2,76 por ciento menos que en 2011;...
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17 Abr 2012
LO QUE HAY QUE VER
No sé si recurrir a Groucho Marx sería una frivolidad. Lo digo por su mítica frase de «estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». En nuestra sociedad esta máxima se aplica con una solemnidad que asusta, que la relatividad está ahí y funciona a pleno rendimiento. En la sociedad y en la clase política, que con más frecuencia de la deseada renuncia a sus principios si de engordar la urna se trata. En el escalón máximo de este comportamiento está el nacionalismo (eufemismo políticamente correcto para definir a un secesionista de tomo y lomo). Tiene que ser cansadísimo ser uno de ellos, detestar a España y todo lo que supone y al mismo tiempo beneficiarse de ella constantemente, usarla de trampolín para la estupidez cotidiana de su existencia mientras reniegas de ella. Ha de ser extenuante despreciar la Constitución pero emplearla a diestro y siniestro para sacar tajada. El último capítulo de ésta cansadísima dicotomía viene a cuenta de Talarn, de la academia de suboficiales, de la que tanto se ha hablado estos días. Hace no mucho, los secesionistas catalanes sacaron la estelada y su rabia tantos años oprimida por el Estado torturador y sus ejecutores (los militares) para que se retirara, costara lo que costara, el lema de «A España servir hasta morir». Supongo que ...
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10 Abr 2012
LO NORMAL
Echo de menos a Chacón. Era una mujer simpática y amante del espectáculo. Yo, como buen admirador que soy de escritores como Woodehouse, Neville o Mihura, adoro el absurdo como expresión literaria. Éste género, llevado a la política provoca en mi una sensación extraña, a medio camino entre el regocijo por el «show» y el sonrojo como español y contribuyente. En él se mueven como pez en el agua gentes como Llamazares, Tardá o Anasagasti, con los que me río como loco por no llorar como un demente. Echo de menos a Chacón porque hacía sus pinitos en tan digno género. Con ella, la normalidad era una excepción tal que, cuando ocurría, a los periodistas de Defensa nos daba un perrenque y éramos incapaces de reaccionar. Esa escasa normalidad en sus actuaciones no respondía enteramente al criterio de la ínclita. En muchas ocasiones, sus colaboradores aportaban la dosis necesaria de surrealismo para regocijo de los amantes del absurdo como el que suscribe. Chacón fue durante una época asidua de las fotografías con marineros y buques de la Armada, así que antes de sus visitas, sus colaboradores se desplazaban al lugar para analizar el mejor encuadre. En el anecdotario figuran frases antológicas como «¿no me pueden tapar esos cañones del barco? es que no quedan bie...
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27 Mar 2012
QUE TE DEN
Creo que sólo hay una expresión más cursi que «la fiesta de la democracia» para definir unas elecciones y es «voy al excusado» para informar al respetable de que uno se está meando. La descripción de una cita con las urnas con semejante mamarrachada dista bastante de lo que es en realidad. Para el público en general suelen ser una molestia en el telediario en el periodo previo y en el inmediatamente posterior a su celebración, y el mismo día, amén de un deber, una excusa para salir a tomar el aperitivo o una caña en función de a qué hora vaya uno a votar. Supongo que sería una gran fiesta en la primeras elecciones después de la muerte de Franco, pero cuando tienes una detrás de otra es un pestiño. Para un periodista son un estrés, para un político, el momento álgido para su careta y pose. Para un militar desplegado en zona de operaciones, unas elecciones son un peligro para su integridad o su dignidad. El ejemplo más claro de la segunda vertiente lo vivimos en España con la retirada humillante y vergonzosa de Irak, con nuestros legionarios despedidos con burlas por sus compañeros de misión y con nuestra bandera arrastrada en el lodazal del pancarterismo más burdo. Para el primer caso, el del peligro que supone para la integridad de los militares, sólo hay que fijarse en ...






