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Conectividad
Internet a 35.000 pies: cómo llegó el WiFi a los aviones
►Tener conexión en un avión requiere superar varios obstáculos técnicos. De momento, este uso de Internet está limitado a mensajes de texto durante el vuelo y no se prevé que se puedan hacer llamadas telefónicas.

Viajar en avión ya no es sinónimo de desconexión. Hoy, a 10.000 metros de altura, es habitual ver a pasajeros disfrutando de películas en streaming o chateando con amigos. Incluso contestando a mensajes de WhatsApp. La transformación de los aviones en puntos de acceso WiFi voladores ha sido un viaje tecnológico no exento de sus propias turbulencias.
Para que un avión disponga de conectividad inalámbrica, deben darse dos condiciones fundamentales. En primer lugar, el avión debe contar con los medios técnicos necesarios, como sistemas de comunicación vía satélite o sistemas de conexión a la red aérea. Estos sistemas permiten que el avión se conecte con una red de satélites que, a su vez, se enlazan a estaciones terrestres, o que la señal viaje directamente desde el avión a una estación en tierra.
En segundo lugar, es crucial asegurar que el uso de dispositivos móviles a bordo no comprometa la seguridad de la aeronave. Esto implica que los teléfonos no deben generar interferencias en los equipos electrónicos del avión, especialmente en los sistemas de navegación y comunicaciones, y que debe existir compatibilidad electromagnética.
Es precisamente este último punto el que ha permitido que, aunque se active el modo avión, sí se pueda usar la conexión WiFi para acceder a este servicio que ofrecen (y generalmente sin coste) muchas aerolíneas.
Superando los retos técnicos
Los avances tecnológicos de los últimos años han sido esenciales para hacer realidad la conectividad en vuelo. Según explica José González, CEO y fundador de Galgus (empresa sevillana que ya ofrece conectividad en vuelos comerciales en más de 5.000 naves de todo el mundo), «antes no se podía utilizar de ninguna manera el teléfono en los aviones. Ahora se puede utilizar la WiFi». Estos avances incluyen sistemas de comunicación de banda ancha de gran capacidad, uso de bandas de frecuencia específicas, capacidad de aislamiento de señales, apantallamiento de equipos y antenas direccionales.
Además, las autoridades han jugado un papel clave al establecer los requisitos necesarios para mantener la seguridad y asignar bandas de frecuencia específicas. Tal como indica Blanca Ripa, Safety Project Lead de ANZEN Engineering, «para poder disponer de conectividad inalámbrica a bordo de un avión deben darse, principalmente, dos condiciones». Por un lado, «el avión debe disponer de los medios técnicos necesarios instalados», como sistemas de comunicación a través de satélites («el avión se comunica con una red de satélites en órbita que, a su vez, se conectan a estaciones terrestres») o sistemas de conexión de red aérea, en los que la señal viaja desde el avión a una estación en tierra. Por otro lado, «se debe asegurar que el uso de teléfonos móviles a bordo del avión no reduce los niveles de seguridad exigidos por las autoridades: que no generan interferencias en los equipos electrónicos del avión, especialmente en los sistemas de navegación y comunicaciones, y que existe compatibilidad electromagnética (que las emisiones de radio frecuencia son toleradas por los sistemas del avión)».
La seguridad es primordial, y para ello, se han llevado a cabo numerosas pruebas. José González explica que ha sido necesario asegurar que los móviles no interfieran con los sistemas de navegación, comunicación y el autopiloto del avión. Para ello, se realizan pruebas de emisión electromagnética para verificar que no haya efectos adversos en los sistemas del avión. Este proceso ha requerido «mucho esfuerzo durante muchos años para verificar cada uno de los modelos de avión comercial». Además, se necesita tecnología para poder usar el teléfono móvil para acceder a Internet vía WiFi.
Pero, además, «hacen falta puntos de acceso WiFi que garanticen una cobertura en toda la longitud del avión». Esto supone un desafío, ya que estas aeronaves es un cilindro metálico que genera interferencias. La tecnología ha permitido optimizar el WiFi en estos entornos, garantizando alta velocidad para muchos usuarios simultáneamente. La empresa de José González ofrece a nivel mundial su tecnología, la cual optimiza el rendimiento de cada pasajero, en condiciones de alta densidad de usuarios y altas interferencias.
Los costes de la conectividad
Pese a eso, lo cierto es que el uso de Internet a 35.000 pies de altura sigue estando bastante limitado: puedes contestar mensajes, pero no puedes descargarte fotos ni (de momento) llamar por teléfono.
El coste es un factor crucial en la prestación de este servicio. Cabe señalar que, para ofrecer Internet, muchos aviones usan conexión vía satélite, necesaria para llevar los datos de Internet al avión. Un tipo de conexión que, a día de hoy, es costosa. «Aunque tecnológicamente se pueda dar una mayor velocidad, se suele restringir comercialmente por el coste», asegura González. Por esta razón, muchas aerolíneas optan por ofrecer contenido a bordo, como películas, series, revistas y juegos, almacenados en servidores locales, evitando así el alto coste de la conexión satelital.
Sin embargo, y aunque González afirma que «la principal barrera que tenemos es el coste», este mismo experto también vaticina que estas tarifas se irán abaratando con el paso de los años, por lo que es posible que veamos más opciones a bordo de los vuelos comerciales.
¿Podría esto abrir la puerta a que se hagan llamadas telefónicas mientras se vuela, como ocurre en otros transportes? Siendo sinceros, y a tenor de lo expresado por la mayoría de las fuentes consultadas, no lo parece. A pesar de la disponibilidad de WiFi, las llamadas de voz no están tan extendidas en los aviones.
Según González, para las llamadas telefónicas se necesita una estación celular a bordo, similar a las torres de comunicación en tierra. Esto implica una tecnología adicional muy costosa y acuerdos de roaming globales con todos los operadores del mundo, lo cual hace mucho más sencillo ofrecer una red WiFi. Pero las llamadas de Voz sobre IP (VoIP) presentan otro problema: el retraso en la conexión por satélite. «La conectividad conlleva un retraso en la señal de unos 900 milisegundos, que casi es un segundo». Este retraso afecta negativamente a la experiencia del usuario en llamadas en tiempo real.
Además, y aunque algunas aerolíneas empiezan a permitir este tipo de llamadas en los vuelos, otras no se lo plantean por ahora. Es el caso de Lufthansa o Iberia. Fuentes de ambas compañías aseguraban a La Razón que poder llamar desde el avión puede afectar negativamente a la experiencia del resto de pasajeros por lo que, al menos en el corto y medio plazo, no está previsto que se ofrezca este servicio. ¿Llegarán, como en los trenes, los «vuelos en modo silencio»? «Tal vez, dependiendo del cambio tecnológico y el comportamiento de los pasajeros», señalan fuentes de KLM.
Por qué sobrevolar grandes áreas de agua da problemas de conectividad
►Aunque la tecnología satelital ha revolucionado el WiFi en los aviones, la presencia de grandes extensiones de agua puede afectar a la calidad de la señal. Esto se debe a que el agua refleja las ondas de radiofrecuencia, generando interferencias y debilitando la señal. Además, si el avión sobrevuela grandes extensiones de agua, la distancia a la estación terrestre aumenta, incrementando la latencia y reduciendo la velocidad de conexión.
También hay que tener en cuenta que las antenas de los aviones pueden tener dificultades para mantener una conexión estable con el satélite al volar sobre el agua, debido al ángulo de incidencia desfavorable de la señal.
Por último, las tormentas o alta humedad sobre el agua pueden afectar la calidad de la señal.
En palabras José González, es como «intentar hablar con alguien que está muy lejos: el mensaje tarda más en llegar y la comunicación se vuelve más difícil». Sin embargo, se trabaja para mejorar el WiFi en estos casos, con nuevas tecnologías como antenas de haz dirigido y constelaciones de satélites de baja órbita.
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